Hola, soy César y soy cruzazulino.
Nunca pensé que esta afición hiciera tanto daño; pensé que contribuiría a mi felicidad, pero fue todo lo contrario: han sido años de sufrimiento.
Todo empezó cuando era pequeño. Llegó como una herencia (como a la gran mayoría) y se fue metiendo en mi organismo poco a poco. Primos y amigos me incitaban a probar otros equipos, pero la adicción iba creciendo con el paso del tiempo.
De pequeño quizá no estaba tan arraigada, pero meses antes de cumplir 8 años hubo una señal que indicaba que no todo iba a pintar bien. Cruz Azul jugó la Final contra Chivas; y yo, entre que veía el partido sin mucho interés, porque me importaba más jugar con una pelota, ‘sufrí’ el primer descalabro importante de ‘mi equipo’.
Pasaron los años y sí, seguía yéndole a La Máquina, pero otras cosas propias de la pubertad y adolescencia como los amigos, las salidas de pinta de la escuela y demás, ocupaban mi tiempo más que el Cruz Azul… es decir, sentía que yo ‘controlaba’ esa adicción.
A mediados de los años noventa, ya con un interés mayor en el equipo, llegó el segundo aviso. Todo era felicidad viendo a la dupla Hermosillo-Zamora, acompañados de Reynoso, Mora, Pintado, Scoponi, Taboada y demás en camino al título. Pero apareció el Necaxa de los Basay, Aguinaga, García Aspe, Zárate y ‘Cuchillo’ Herrera que dieron otro sacudida más. Ese fue el primer dolor fuerte que me causaba esta adicción.
El dolor se aminoró viendo que el equipo no era tan malo y tenía buenos jugadores, además de que el escarbar en los recuerdos cementeros de aquellas glorias de los años setenta. ‘Kalimán’ Guzmán, Miguel Marín, Fernando Bustos, ‘El Confesor’ Cornero y demás jugadores que hicieron grande a Cruz Azul… nunca vi esos títulos, pero ahí estaban y me decían que algún día me tocaría a mi.
Después llegó ese grado de bienestar, ¡un campeonato!, ¡no estaba tan equivocado! Aquella batalla ante el León en el Inierno del 97, cuando con el rostro ensangrentado por la artera patada de Comizzo, Carlos Hermosillo anotaba el gol que le daba a Cruz Azul su octava estrella. Por fin se podía disfrutar un título y a mi padre revivir esa sensación que experimentó en los setentas.
Dos años después el tercer golpe. Invierno del 99 y Pachuca en tiempo extra terminaba con el sueño de volver a festejar. Los Tuzos se robaban el campeonato y aquí hubo algo que hizo click, pues una voz interna me dijo: “bueno, ni modo, así son las cosas”.
Pasó el tiempo con buenos partidos, emociones, pero ya con la costumbre del “ni modo, así son las cosas”, pues no pasaba nada con el equipo. Era ya más una costumbre que una pasión o búsqueda de felicidad.
Llegó el 2000 y con el inicio del milenio también una esperanza más: la actuación de Cruz Azul en la Libertadores. Grandes tardes, buenos partidos, especialmente ante Cerro Porteño, River Plate, Rosario Central. Por primera vez un equipo mexicano llegaba a la Final. Cruz Azul ante Boca Juniors lucharon con todo y La Máquina se quedó en la orilla al caer en penales. No obstante el dolor de perder esa Final, el equipo me dejaba un buen sabor de boca (“bueno, ni modo, así son las cosas”).
Pero las cosas empezaron a cambiar, especialmente después del 2005.
En algunos torneos Cruz Azul jugaba bien, terminaba en los primeros sitios e incluso llegó a las Finales, pero todas ellas perdiendo: ante Santos, Toluca y Monterrey. Ah, eso sin contar las dos Finales perdidas de Concachampions ante Atlante y Pachuca.
Ya no era dolor o coraje por ver al equipo perder, era algo más peligroso: se convertía en costumbre… llegar y llegar para regresar con las manos vacías.
Pero en este Apertura 2010 he tocado fondo. Cuando todo indicaba que ahora todo sería distinto, que vendría una embriaguez de felicidad, todo quedó en una terrible resaca, con cruda moral incluida. Pumas echó a Cruz Azul, al súper líder, al equipo que “ahora sí” pintaba para campeón…
Es por eso que hoy he tocado fondo y quiero salir de esto. No quiero seguir sumido en la mediocridad, en el ‘ya merito’, en sentir ese ligero y agradable mareo que da jugar bien y al final terminar en el suelo, perdido, para pedir una oportunidad más.
Es por eso que hoy lo dejo. Hoy dejo de irle a Cruz Azul, porque sé que soy más fuerte que esa adicción. Y sí, si Cruz Azul llega a conseguir un campeonato, no lo celebraré.
Toqué fondo. Hoy lo dejo… sólo por hoy (y para siempre) dejo de irle al Cruz Azul.
Q asco, q sean tan manipulados para presentar su producto de televisa
El PUMA símbolo de la universidad autónoma de México por tradición a tenido el protagonismo en el uniforme de los pumas y me parece desatinado el querer modificarlo de esta manera.
si la imagen del puma en grande es, bueno era, un simbolo (el escudo de nuestra maxima casa de estudios), creo que tambien las letras deberan cambiar a lo mejor hacen juego poniendoles unas florecitas o unos lacitos en color lila o rosa mexicano, no mejor rosa-queada, ya que esta tan quebrada en sus arcas esta institucion. help.
creo que el problemas no es la televisora que siempre busca intereses unilaterales, EL PROBLEMA ES EL PATRONATO QUE LO PERMITE, por su hambre de dinero, PERROS….
HAIGAN???? mejor vamos a construir mas escuelas, asi se manejan los negocios con publicidad,